Menú Principal  
  · Home
· Bienvenida
· Junta de Gobierno
· Apuntes Históricos
· Nuestra Villa
· Galería Multimedia
· Direcciones / contacto
 
  Reglas  
 
Reglas de la Hermandad
 
  Evangelio de hoy  
 
El evangelio de hoy
 
  Prediccion  
 
Prediccion meteorológica
 
  Tópicos - Noticias  
  · Cultos y Actividades
· Hermanos Costaleros
· Guardia Romana
· Artículos




 
  Jueves Santo  
 
Recorrido

· Ordenanzas para el Cortejo Procesional
 
Artículos «¡He ahí el Cordero de Dios!»
Enviado porwebmaster el Miércoles, 17 febrero a las 10:45:57
Contribución de webmaster

En el Evangelio escuchamos a Juan el Bautista que, presentando a Jesús al mundo, exclama: «¡He ahí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo!». El cordero, en la Biblia, y en otras culturas, es el símbolo del ser inocente, que no puede hacer daño a nadie, sino sólo recibirlo. Siguiendo este simbolismo, la primera carta de Pedro llama a Cristo «el cordero sin mancha», que, «ultrajado, no respondía con ultrajes, y sufriendo no amenazaba con venganza». En otras palabras, Jesús es, por excelencia, el Inocente que sufre.

Se ha escrito que el dolor de los inocentes «es la roca del ateísmo». Después de Auschwitz, el problema se ha planteado de manera más aguda todavía. Son incontables los libros escritos en torno a este tema. Parece como si hubiera un proceso en marcha y se escuchara la voz del juez que ordena al imputado a levantarse. El imputado en este caso es Dios, la fe.


¿Qué tiene que responder la fe a todo esto? Ante todo es necesario que todos, creyentes o no, nos pongamos en una actitud de humildad, porque si la fe no es capaz de «explicar» el dolor, menos aún lo es la razón. El dolor de los inocentes es algo demasiado puro y misterioso como para poderlo encerrar en nuestras pobres «explicaciones». Jesús, que ciertamente tenía muchas más explicaciones para dar que nosotros, ante el dolor de la viuda de Naím y de las hermanas de Lázaro no supo hacer nada mejor que conmoverse y llorar.

 La respuesta cristiana al problema del dolor inocente se contiene en un nombre: ¡Jesucristo! Jesús no vino a darnos doctas explicaciones del dolor, sino que vino a tomarlo silenciosamente sobre sí. Al actuar así, en cambio, lo transformó desde el interior: de signo de maldición, hizo del dolor un instrumento de redención. Más aún: hizo de él el valor supremo, el orden de grandeza más elevado de este mundo. Después del pecado, la verdadera grandeza de una criatura humana se mide por el hecho de llevar sobre sí el mínimo posible de culpa y el máximo posible de pena del pecado mismo. No está tanto en una u otra cosa tomadas por separado -esto es, o en la inocencia o en el sufrimiento--, sino en la presencia contemporánea de las dos cosas en la misma persona. Este es un tipo de sufrimiento que acerca a Dios. Sólo Dios, de hecho, si sufre, sufre como inocente en sentido absoluto.

Sin embargo Jesús no dio sólo un sentido al dolor inocente; le confirió también un poder nuevo, una misteriosa fecundidad. Contemplemos qué brotó del sufrimiento de Cristo: la resurrección y la esperanza para todo el género humano. Pero miremos lo que sucede a nuestro alrededor. ¡Cuánta energía y heroísmo suscita con frecuencia, en una pareja, la aceptación de un hijo discapacitado, postrado durante años! ¡Cuánta solidaridad insospechada en torno a ellos! ¡Cuánta capacidad de amor que, si no, sería desconocida!

Lo más importante, en cambio, cuando se habla de dolor inocente, no es explicarlo, sino evitar aumentarlo con nuestras acciones y nuestras omisiones. Pero tampoco basta con no aumentar el dolor inocente; ¡es necesario procurar aliviar el que exista! Ante el espectáculo de una niña aterida de frío que lloraba de hambre, un hombre gritó, un día, en su corazón a Dios: «¡Oh Dios! ¿Dónde estás? ¿Por qué no haces algo por esa pequeña inocente?». Y Dios le respondió: «Claro que he hecho algo por ella: ¡te he hecho a ti!».


 
  Enlaces Relacionados  
  · Más Acerca de Artículos
· Noticias de webmaster


Noticia más leída sobre Artículos:
Al compás de espera...

 
  Opciones  
 
 Versión Imprimible Versión Imprimible

 
     
   
     





Web site powered by PHP-Nuke Web site powered by Coppermine Web site powered by MySQL  Web site standared HTML 4.1 Web site standared CSS

Si desean escribir al webmaster lo pueden hacer en esta dirección: webmaster@dulcenombremarchena.com.
Pontificia, Real Hermandad Sacramental y Cofradia de Nazarenos del
Dulce Nombre de Jesus, María Santisima de la Piedad y San Juan Evangelista.
Parroquia de San Sebastian. Marchena.
© www.dulcenombremarchena.com 2005. Todos los derechos reservados.